Cuento De Dragon Ball Z Para Leer Pdf -
Kael recordó las historias de su abuelo: cómo Freezer había masacrado a los tuffles, cómo los saiyajins eran ahora perros de caza, cómo el poder del tirano era tan absoluto que ni el Rey Vegeta osaba mirarlo a los ojos. Mientras los demás guerreros se alistaban para la convocatoria, cepillando sus armaduras de batalla y midiendo sus niveles de ki, Kael hizo algo prohibido: entró en la cámara de la memoria saiyajin, un archivo subterráneo que solo los ancianos conocían.
Kael, un saiyajin de cabello negro y espeso y una cicatriz que le cruzaba el ojo derecho, sostenía un pequeño bulto envuelto en telas gruesas. Su hijo. El niño no lloraba. Los saiyajins recién nacidos no lloraban; gruñían. Y aquel pequeño ser ya tenía un poder de pelea de 250 unidades. Ridículo para un aristócrata, pero impresionante para un de clase baja como Kael.
Sika no respondió. Miró hacia el palacio del Rey Vegeta, donde una nave espacial morada acababa de aterrizar. La nave de Freezer.
El Último Guerrero del Planeta Vegeta
Kael sintió un escalofrío que ningún oponente en batalla le había provocado.
Pero Dodoria, torpe y confiado, no revisó el sector 47-B. Y la nave de Kael desapareció en el hiperespacio. Un niño de cola de mono crecía en una cabaña de montaña, criado por un anciano llamado Gohan. El niño no sabía de su origen, ni de Freezer, ni del sacrificio de su padre.
Y un día, mucho tiempo después, cuando Goku se transformó por primera vez en Super Saiyajin en el planeta Namek, frente a Freezer, un eco lejano recorrió el cosmos. No era solo rabia. Era la voluntad de Kael, el guerrero de clase baja, cumpliéndose a través de su hijo. cuento de dragon ball z para leer pdf
—Se llamará Beets —susurró Kael a su compañera, Sika, una guerrera de cabello corto y mirada feroz, pero que en ese momento miraba a su hijo con una ternura que el planeta Vegeta no permitía.
—Es una trampa —dijo Sika, apretando el hombro de Kael.
Freezer sonrió.
—Por eso. Si lucho con rabia, si grito como un verdadero saiyajin, quizás Freezer se entretenga. Me necesita vivo para reírse de mí. Eso te dará tiempo.
Sika, con lágrimas que se evaporaban por el calor del planeta, selló la nave con su hijo dentro.
Freezer, aburrido, ordenó a su soldado Dodoria: —Asegúrate de que no quede ni una sola nave saiyajin en el espacio. Excepto la mía, claro. Kael recordó las historias de su abuelo: cómo
—Oh, qué adorable. Un gusano con delirios.