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Obb Balas Magicas - Holograma -

Obb Balas Magicas - Holograma -

—Ese es el que la llevó —dijo Obb, escupiendo las palabras.

Solo quedaba la pregunta, y esa no se podía disparar.

Lina negó con la cabeza. Su forma se desdibujaba cada vez más. Obb Balas Magicas - Holograma

Obb miró la caja vacía. Luego miró la flor negra. Luego miró el holograma de su hermana, que ya casi no era más que una mancha violeta en el aire.

Obb quiso abrazarla, pero sus brazos atravesaron el holograma. —Ese es el que la llevó —dijo Obb,

—Obb —dijo ella, y su voz sonaba a estática—. ¿Por qué me trajiste de vuelta? Yo ya no era yo.

Ella no lo oyó. El holograma era solo memoria, no tiempo real. Pero algo en el pecho de Obb se apretó con tanta fuerza que supo que no podría detenerse. Su forma se desdibujaba cada vez más

—Las balas mágicas —dijo el profesor— nunca fueron para salvar a nadie. Fueron para que descubrieras quién las fabricó.

Pero esta vez, Obb no oyó silencio. Oyó el ruido de la flor negra cayendo al suelo. El profesor Holograma ya no estaba.

—Porque cada magia tiene un precio. Y tú, Obb, acabas de pagar el mío. Ahora sé quién eres: alguien que dispararía tres balas por amor. Eso es más valioso que cualquier recuerdo.

Esta era de un violeta más intenso, casi negro en los bordes. La disparó directamente al corazón del holograma de Lina. El efecto fue inmediato: la escena cambió. Ahora Lina no corría sola. Alguien más estaba con ella: un hombre con gabardina gris, sin rostro definido, como si la memoria misma hubiera olvidado sus rasgos.